
Escrito por Javier Giral Palasí.
En 1981 la agencia oficial soviética Tass dijo que “los agentes de la CIA supervisaron los preparativos del atentado contra Carrero Blanco y tomaron todas las medidas precisas para que no fallara. Washington quería eliminar a ese político franquista de tendencia nacionalista, que le impedía enrolar a España en la OTAN y se negaba a cumplir ciegamente todas las órdenes que recibía del otro lado del Atlántico “.
El fiscal del estado, Herrero Tejedor dijo también que detrás de ETA había otras instancias que se iban a investigar. Más tarde murió en un accidente y en extrañas circunstancias. Después todos los periodistas que se han molestado en investigar el atentado al presidente Carrero Blanco han creído que ETA recibió ayuda externa. Por su parte, Eva Forest, miembro del comando, cuenta en su libro Operación Ogro que la idea de matar a Carrero Blanco fue “sugerida a ETA por personas ajenas a la organización y que algunas de ellas eran extranjeras”.

Carrero Blanco era la persona de máxima confianza de Franco, él había redactado La Ley de Sucesión de 1947, y también se había encargado de la educación del príncipe con el que despachaba a diario tras su nombramiento (también era su principal valedor). Carrero Blanco dijo en diciembre de 1973: “mi lealtad a su persona (a Franco) y a su obra es total, clara y limpia, sin sombra de ningún íntimo condicionamiento ni mácula de reserva mental alguna.” En Junio de 1973 Franco que superaba los 80 años, delegó en Carrero Blanco y lo hizo su primer Presidente del Gobierno, quedando sólo como Jefe de Estado. Carrero se convertía en el garante de que el estado del Movimiento Nacional continuase bajo el reinado de Juan Carlos de Borbón, de forma dispuesta a evolucionar en lo imprescindiblemente necesario.
De los 30 integrantes de ETA que participaron en el magnicidio ninguno ha aclarado quién fue el misterioso personaje que entregó en el Hotel Mindanao, al etarra Joseba Mikel Beñaran Ordeñana, alias “Argala” y jefe del comando, un sobre con una nota que decía: “El almirante Luis Carrero Blanco, vicepresidente del gobierno, acude todos los días laborables a la misa de las nueve de la mañana que se celebra en la iglesia de los jesuitas situada en la calle de Serrano, frente a la embajada de Estados Unidos. Lleva muy poca protección de escolta y recorre siempre el mismo trayecto”.
Cuando se produjo el magnicidio del Presidente Carrero por la banda terrorista y socialista ETA, este fue celebrado y coreado por toda la izquierda. La imagen del Dodge negro saltando por los aires es algo que conoce todo el mundo actualmente, pues la intensa propaganda de la izquierda lo ha llevado al cine, para mofa de cómo se asesinó a una persona, que a diferencia de hoy no llevaba coche blindado, apenas escolta y salía de misa a la misma hora de cada día. Sin embargo, como del otro lado no se mueve nada, hoy nadie sabe que los compañeros de Carrero Blanco, vengaron la muerte del almirante haciendo volar con un explosivo el coche del terrorista, “Argala” en 1978.

A los enemigos de Carrero se sumó uno muy poderoso que le veía más como un obstáculo que como un aliado en el plan que los EE.UU, a través de la CIA, había diseñado para su aliada España y su evolución hacia la democracia; era el Secretario de Estado Henry Kissinger. Un día antes del asesinato de Carrero Blanco, este se reunió con Kissinger en Madrid y el Secretario de Estado Norteamericano constató una vez más la divergencia de fondo entre la transición política diseñada por Washington y la pensada por el Almirante. La entrevista terminó después de seis horas de conversación sin acuerdo sobre las bases militares, ni sobre la forma de transición ni sobre el incipiente programa nuclear español. Tras la entrevista Carrero Blanco transmitió la sensación de que había sido amenazado, y al día siguiente lo asesinaron. En realidad el atentado ya estaba en marcha tiempo atrás, es cierto que lo asesinó ETA pero no menos cierto es que fue inducido por los servicios secretos de EE.UU. Los terroristas eligieron un piso de la calle Claudio Coello de Madrid para escavar un túnel que la cercana embajada de EE.UU con sus sensores y equipos de seguridad al parecer no detectaron. Después un informe de los servicios secretos españoles aseguraría que el explosivo utilizado fue C4, fabricado en Estados Unidos para el uso exclusivo de sus Fuerzas Armadas.
En las memorias del general Manuel Fernández-Monzón Altolaguirre, que fue agente de los servicios secretos de Carrero y enlace con la CIA, el militar escribe lo siguiente: “No es verdad todo lo que se ha dicho de la Transición. Como eso de que el rey fue el motor del cambio. Ni Suárez ni él fueron motores de nada, sólo piezas importantes de un plan muy bien diseñado y concebido al otro lado del Atlántico. Todo estuvo diseñado por la Secretaría de Estado y la CIA. A los norteamericanos sólo les hemos interesado por nuestra posición estratégica. Estados Unidos quería tener la seguridad de que, con el final del franquismo, aquí no iba a pasar nada que estuviera fuera de su control. Los ejecutantes del atentado contra Carrero son etarras, eso está claro, pero ¿quién lo pone en marcha? Quizá alguien pensó en la CIA que Carrero podía ser un obstáculo y era mejor suprimirlo“.
Asesinado Carrero Blanco, la CIA se dedica a desarrollar su plan para España: establecer una democracia con un bipartidismo liberal que se integrara en la OTAN. Una democracia que tendría un partido socialdemócrata y otro democristiano, a semejanza de los países europeos. Pero no existía en España un partido socialdemócrata, sólo el PSOE que era un partido marxista. Y siguiendo el plan en 1974 se produjo la refundación del PSOE en Suresnes auspiciada por la CIA y la socialdemocracia alemana de Willy Brand. En este acto Felipe González alcanza la secretaría general del PSOE en contra del sector histórico de Llopis.
Incluso Felipe González llegó a Suresnes escoltado por oficiales del SECED (el Servicio de Información creado por Carrero Blanco) que le había proporcionado el pasaporte y dio órdenes a la policía de que González saliese libre tras sólo 24h de haber sido detenido por asistir en Francia al congreso socialista, además de dar instrucciones para no detener a los pocos políticos del PSOE que militaban en la clandestinidad. Mucho se ha escrito sobre la represión franquista pero en realidad en 1975 sólo había 300 presos políticos en las cárceles, una cifra baja comparada con otras dictaduras europeas de izquierda. Unos presos que eran mayoritariamente comunistas y terroristas socialistas de la ETA, y que por lo tanto no eran “heroicos luchadores por la democracia” sino marxistas totalitarios.
Después el PSOE renunciará a su carácter marxista en el Congreso Extraordinario de 1979, tal y como había trazado los EE.UU. Y llegado al gobierno, el PSOE votará por la permanencia de España en la OTAN en 1986.
Será la CIA y la socialdemocracia alemana quienes financien generosamente al PSOE surgido de la nada tras 40 años sin hacer ninguna oposición al franquismo, pues se trataba de desplazar al PCE como principal partido de la izquierda, y único partido que había hecho una pequeña oposición en las calles contra el franquismo. Un partido comunista que será finalmente legalizado por Suárez contra la opinión de los EEUU y de la Alemania Occidental.
¿De haber vivido Carrero Blanco hubiera resultado diferente la Transición? Muchos opinan que el almirante no hubiera tenido ni la fuerza ni la determinación para oponerse a los designios del rey Juan Carlos, pues como militar tenía un estricto sentido jerárquico y llegado su momento simplemente hubiera dimitido y se habría retirado dada su avanzada edad, y por tanto el análisis que hizo la CIA fue peregrino y erróneo, y por tanto su asesinato totalmente innecesario.







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