
Escrito por Javier Giral Palasí para el libro «Contra la Manipulación de la Izquierda»
Lenin, el carismático líder comunista dijo de Mussolini a principio de los años veinte:
«En Italia, compañeros, en Italia sólo hay un socialista capaz de guiar al pueblo hacia la revolución: Benito Mussolini».
A la pregunta de qué es el fascismo, basta referirse a la respuesta que Mussolini, su fundador, le dio en una entrevista a una periodista extranjera:
«Durante toda mi vida yo fui socialista internacionalista. Cuando estalló la gran guerra vi que todos nuestros partidos que eran internacionalistas se convirtieron en socialistas nacionalistas. Eso me pasó a mí y eso es el fascismo».

Según el historiador César Vidal: «El fascismo es un socialismo nacional y se parece al socialismo, tanto en la visión económica intervencionista como en el miedo a la libertad y el intento de controlar a la sociedad. En el caso del fascismo está muy acentuado el elemento nacional, pero a lo que más se parece el fascismo es al socialismo. Aunque la historiografía marxista siempre ha insistido en que el fascismo es la agudización de la derecha en realidad el fascismo es un socialismo de carácter nacional. Y cuando empieza la II Guerra Mundial el estado más intervenido del mundo es la Unión Soviética, pero el segundo es la Italia de Mussolini…»
Tanto Lenin como Mussolini representaban los dos nuevos movimientos socialistas radicales que surgirán tras la I Guerra Mundial, y que trataban de sobreponerse a los erosionados partidos socialistas creados a fines del siglo XIX, como el PSOE.
Mussolini, había sido hasta 1915 el nº3 del Partido Socialista Italiano y el director de su periódico propagandístico Avanti, además pasó por la cárcel por agitador socialista, había escrito libros como El Trentino visto por un socialista, había defendido públicamente su ateísmo y había publicado novelas anticlericales como Claudia Particella, l’amante del cardinale Madruzzo.
Pero algo cambiará en la filosofía de Mussolini a partir de 1915, en el que abandona Avanti y funda Il Popolo d’Italia, de tendencia ultra-nacionalista, lo que le valió la expulsión del Partido Socialista Italiano.

Mussolini llegó a la conclusión durante la I Guerra Mundial que en vez de refundar el socialismo para acentuar el carácter revolucionario-internacionalista del marxismo, como propugnaba Lenin, había que crear un partido socialista que también fuera nacionalista, además de revolucionario.
Tras la I Guerra Mundial surgirán estos dos nuevos movimientos socialistas extremos salidos de la hidra marxista, el socialista radical internacionalista, por la vía del marxista Lenin, y el socialista radical nacionalista, por la vía del marxista Mussolini. Ambos radicalismos son consecuencia del incumplimiento de los tradicionales partidos socialistas europeos agrupados en la II Internacional Socialista, al no seguir la consigna del “internacionalismo proletario” que exigía la oposición militante de los partidos socialistas contra “la guerra imperialista” y la oposición a que los obreros se mataran entre sí fuera cual fuera su nación.

Llegado el momento, los partidos socialistas cayeron en el fervor nacionalista de la guerra, lo que hizo a los socialistas Lenin y Mussolini sacar conclusiones diferentes, para Lenin que militaba en el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, era necesaria la refundación de los partidos socialistas para recuperar su espíritu marxista, revolucionario e internacionalista. Y de este modo, tras el triunfo de su Revolución Rusa de 1917, se irán creando los nuevos partidos socialistas que adoptarán el nombre de comunistas, a menudo como simples escisiones de los partidos socialistas (es el caso del PCE en España) y que se agruparán en torno a la III Internacional o Internacional Comunista (Cominter) creada por Lenin.
Y la segunda consecuencia es la del líder socialista Mussolini que crea un nuevo partido socialista que recoja también el sentimiento nacionalista y patriótico, que Mussolini adoptó durante la guerra y que observó también en las bases de los diferentes partidos socialistas europeos tras la traición a la consigna de la Internacional Socialista. Posteriormente el partido fascista italiano servirá de inspiración a Hitler, y al resto de partidos nacional-socialistas que se irán creando y que se conocen más por partidos fascistas, a menudo creados con cuadros que provienen de los partidos socialistas al igual que los comunistas. Como detalle observe que si escuchamos cualquier discurso de Hitler apreciaremos que él jamás utiliza el acrónimo despectivo de “nazi”, creado por la izquierda, sino siempre el de partido o movimiento nacional-socialista, palabras que se entienden perfectamente del alemán.
Ambos movimientos políticos son casi paralelos en el tiempo, pero la ventaja la llevará Lenin con su triunfo en la revolución rusa de 1917 y el impacto mundial que supuso el primer estado socialista del mundo. Y serán los métodos revolucionarios y el ejemplo de Lenin los que darán un fuerte empuje al socialismo revolucionario totalitario en todas partes, lo que servirá también de acicate y de inspiración a los nacional-socialistas, que por otro lado también venían del marxismo.
El socialismo extremo lo podemos agrupar en internacionalista y nacionalista (comunista y fascista), sin embargo durante el período de Stalin y su política de “construir el socialismo en un solo país”, ya que había fracasado la revolución comunista en otros países de Europa, hará al comunismo alejarse del internacionalismo activo y la revolución permanente de Trotsky, para después caer en cierto socialismo nacionalista ruso que lo hará más cercano al nacional-socialista alemán e italiano, y a pesar que el movimiento comunista seguirá conservando la retórica internacionalista, la Cominter se quedará como un órgano al servicio fundamentalmente de la Unión Soviética y sus intereses nacionales.
Pero como antes decíamos, Mussolini va a utilizar los métodos marxistas inspirados en el ejemplo de los bolcheviques rusos para organizar su Partido Nacional Fascista; y a semejanza de estos tendrá cuadros políticos entrenados y adoctrinados, una organización de milicias, la toma del poder a través de las elecciones y/o de la revolución (nacional, en este caso), la creación de un estado totalitario, la prohibición de los demás partidos políticos, la creación de un sindicato paralelo, o la implementación de toda una serie de derechos laborales para los trabajadores (La carta del lavoro), etc. Y hasta el final de sus días Mussolini no tendrá ningún reparo en seguir denominándose como un socialista, al igual que Hitler.
Como curiosidades podemos comentar también que el nombre que le pusieron en 1943, entre Mussolini y Hitler, a la media Italia aún no invadida por los aliados fue el de «República Social Italiana», en un período en que Lenin le había puesto al imperio ruso el nombre de “Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas”. Siempre en el sentido de usar una terminología igual o similar a la socialista, como la costumbre que tienen los nacional-socialistas de llamarse como “camaradas” al igual que los comunistas; o que la marca de automóviles creada por Hitler con el fin de fabricar un coche económico por el estado social alemán y así motorizar a su pueblo, es decir, Volkswagen, signifique “coche del pueblo” en alemán.





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